JULIA ES LA ESPOSA DE SU PRIMO… Y MANUEL ESTÁ ENAMORADO || CRÓNICAS de #LaPromesa #series

El palacio de La Promesa se convierte en el escenario de una guerra silenciosa donde el corazón y la ambición chocan de frente, redefiniendo las lealtades de la familia Luján.

El Impacto de Julieta: La Mujer de la Fiesta

La revelación ha sido una “bomba de relojería” para Manuel. Julieta es la joven misteriosa que conoció en la fiesta de los Arteaga, aquella que se negó a darle su nombre pero que lo marcó profundamente al despedirse con un beso en la mejilla. Verla aparecer en la escalinata del palacio y ser presentada por Ciro como su esposa ha dejado a Manuel en un estado de shock absoluto. La tensión es evidente: Julieta se muestra nerviosa en su presencia, lo que sugiere que la conexión que sintieron al ver aquel cuadro en la fiesta fue mutua y real.

Ciro y Manuel: Una Relación Marcada por el Resentimiento

La tensión entre los primos no es nueva, pero ahora es personal. Ciro ha llegado con una “espina clavada” por la actitud de Manuel en el entierro de su madre, Genoveva, reprochándole su frialdad. Sin embargo, la brecha se hace insalvable cuando Ciro se refiere a Jana con desprecio, calificándola como algo insignificante por haber sido una doncella. Este choque demuestra que Ciro no solo está dolido, sino que no respeta el dolor ni el pasado de Manuel, convirtiendo su rivalidad en algo mucho más oscuro que una simple diferencia familiar.

Margarita y el Cambio en el Tablero de Poder

Mientras el drama amoroso se despliega, Margarita mueve sus fichas antes de partir. Ha presionado a Alonso para restarle influencia a Leocadia (Cruz), logrando que el Marqués ceda la administración de las tierras y la finca a Ciro. Este movimiento estratégico no es un detalle menor: otorga a Ciro un poder real y una presencia permanente en el núcleo del palacio, limitando el margen de maniobra de la marquesa y asegurando que la trama entre los primos y Julieta tenga un recorrido largo y conflictivo.

¿Un Matrimonio de Conveniencia?

La frialdad y distancia que transmiten Julieta y Ciro al instalarse en el palacio levantan sospechas sobre la naturaleza de su unión. Si fuera un matrimonio feliz, Julieta no habría mostrado ese comportamiento “inapropiado” para la época al besar a un desconocido en una fiesta. Todo apunta a que Julieta podría estar atrapada en un compromiso sin amor, lo que empuja a Manuel, emocionalmente vulnerable, hacia un problema legal y moral de proporciones épicas.


En esta quinta temporada, el triángulo entre Manuel, Julieta y Ciro promete ser el más peligroso hasta la fecha. Con Ciro ahora al mando de las tierras y Manuel luchando contra su propio corazón, la estabilidad de La Promesa pende de un hilo.