Andrés no quiere renunciar a Begoña y le propone ser amantes – Sueños de Libertad
El universo de la colonia en “Sueños de Libertad” vuelve a ser testigo de una de las conversaciones más desgarradoras entre sus protagonistas. En este encuentro clandestino, Andrés confronta a Begoña ante su inminente regreso a casa, una mudanza que simboliza no solo un cambio de residencia, sino el entierro definitivo de sus esperanzas compartidas.
Un Amor que se Niega a Morir
Andrés, movido por un sentimiento que él describe como lo más “auténtico y profundo” que han vivido, se resiste a aceptar que el destino de la mujer que ama sea marchitarse al lado de un hombre como Gabriel. Para él, el hecho de que Begoña haya decidido no denunciar al padre de su hijo no disminuye su amor; por el contrario, parece reforzar su admiración por ella, aunque ese mismo motivo sea el que hoy los separa.
La propuesta de Andrés es, en esencia, un grito de auxilio: está dispuesto a conformarse con tenerla cerca, incluso si eso implica vivir en la sombra. Su argumento se basa en el presente y en el futuro; cuestiona qué será de la vida de Begoña una vez que sus hijos crezcan y ella se encuentre sola con alguien a quien no ama.

Begoña: La Fortaleza del Sacrificio
Por otro lado, la respuesta de Begoña es un ejercicio de cruda realidad y responsabilidad maternal. A pesar de reconocer la profundidad de su vínculo con Andrés, ella se mantiene firme en la idea de que “lo nuestro no puede ser”. Para Begoña, repetir los errores del pasado no es una opción, especialmente cuando recuerda que en intentos anteriores, Julia fue la más perjudicada.
Su negativa no nace de una falta de amor, sino de una transformación interna y de un cambio drástico en sus circunstancias. Begoña encarna el conflicto de la mujer de su época: atrapada entre el deseo de una felicidad legítima y las cadenas de un matrimonio que, aunque carente de amor, define su estatus y la seguridad de sus hijos. Su frase “No puedo tener una familia y entregarme a un hombre que no es mi marido” sentencia la imposibilidad de conciliar ambos mundos.
Conclusión: Una Espera Eterna
El diálogo cierra con una promesa cargada de melancolía por parte de Andrés: “Si tengo que esperar, esperaré”. Esta declaración deja la puerta abierta a un futuro incierto, donde el tiempo es el único aliado y, a la vez, el mayor enemigo de un amor que se resiste a ser olvidado.
La tensión en “Sueños de Libertad” alcanza aquí un punto de no retorno, donde la lealtad a los hijos y el respeto a las convenciones sociales parecen haber ganado la batalla, al menos por ahora, frente a los impulsos del corazón.