Joan Noguera, director de “Sueños de Libertad”: “Yo no sé si volverá Fina, no lo tengo 100% asegurado”

Sueños de Libertad” acaba de cumplir dos años al aire como líder absoluto en su franja y con más de 500 episodios emitidos desde su estreno en febrero de 2024. La ficción diaria, protagonizada por un elenco coral encabezado por Natalia Sánchez, Oriol Tarrasón, Dani Tatay, Nancho Novo, Ana Fernández y Marta Belmonte, se mantiene desde su estreno como la favorita de las sobremesas españolas y suma cada vez más seguidores en todo el mundo. Con la tercera temporada recién estrenada, esta serie de época sigue sorprendiendo con giros de trama y la llegada de nuevos personajes a la colonia. ¿Qué sigue para la historia en las próximas semanas? ¿Qué novedades se vienen, incluido el esperado regreso de Alba Brunet? De todo esto conversamos con Joan Noguera, director de la serie, disponible en Atresplayer Internacional.

Joan Noguera, director de "Sueños de Libertad", en plena faena laboral durante la primera temporada de la serie.
Joan Noguera, director de “Sueños de Libertad”, en plena faena laboral durante la primera temporada de la serie.

/ Manuel Fiestas Moreno

-Felicitaciones por el segundo aniversario de Sueños de libertad, dos años liderando la franja horaria. Hace un año comentaste que los sorprendió el éxito inmediato de la serie. ¿En algún momento hubo temor de que la historia no gustara, de que no funcionara, sobre todo considerando que llegaban para reemplazar el éxito de Amar es para siempre?

Pues si te dijera que no, te estaría mintiendo. Es obvio que teníamos un temor y una responsabilidad muy grande por ver cómo salía y, sobre todo, cómo lo recibía el público. Amar es para siempre estuvo muchos años en Antena 3; era una serie con un gran sello, una marca de la cadena, todo el mundo la conocía y, la verdad, sustituirla… sí que nos preocupaba la aceptación. Y luego sí teníamos temor de que la nueva serie funcionara, porque es muy difícil que una diaria enganche. Es muy difícil saber cuándo una cosa te va a funcionar. Si supiéramos cuál ha sido el secreto de Sueños de libertad para lograr ser la serie diaria con más audiencia, yo montaría una productora y me jubilaría en cinco años. Siempre hay un riesgo con la aceptación de la historia: que funcione, que al espectador le llene, que todos los actores pillen el personaje y tengan una buena interpretación y que haya un buen equipo. Yo creo que en ‘Sueños’ ha habido una parte de suerte, sin ninguna duda; ha habido una muy buena promoción de la cadena y, lo más importante, es que se ha trabajado mucho. Teníamos muy claro que queríamos dar un salto cualitativo muy importante, que se plasmara en cada capítulo, y eso se ve reflejado en la audiencia que nos sigue en el día a día.

-Hace un año también entrevisté a Alain Hernández y una semana después nos sorprendió la muerte de su personaje (Jesús). ¿Cómo se planteó internamente su salida y de qué manera trabajaron para reorganizar la historia y equilibrar la serie tras la muerte de un personaje protagonista?

Es muy sencillo. Nosotros empezamos Sueños de libertad igual que ahora con la tercera o la cuarta temporada. Se hace un casting y se habla con cada actor: “¿Quieres hacer Sueños de libertad?”. Pero nadie sabe cuánto va a durar una diaria, puede ser poco tiempo o muchos años.

En el caso de Alain, como otros actores, nos dijo: “Yo me comprometo a una temporada”, porque tenía otros proyectos pendientes y alguna serie con segunda temporada. Las diarias cansan mucho, se graba todos los días, con varias unidades, y además se rueda en Madrid y él es de Barcelona, está casado y tiene hijos. Así que su idea era hacer una temporada y después valorar.

¿Qué pasó? Que pegamos un pelotazo y la serie funcionó muy bien, el personaje agarró muy bien y, como cada año revisamos quién quiere seguir y quién no, Alain nos dijo que le gustaría hacer otros proyectos y cerrar su paso por Sueños. Entonces le propusimos aguantar un poco más, para no matarlo justo al final de la primera temporada sino dar un golpe de efecto en mitad de la siguiente.

Él aceptó, y a partir de ahí el equipo de guion pensó cómo articular su salida para que la serie tuviera continuidad sin que la ausencia de Jesús —el malo de la serie— se notara en negativo. Empezamos a “sembrar” cosas antes de que el público supiera nada, para poder seguir adelante cuando llegara su muerte. Así se planteó y así se ejecutó.

Alain Hernández, en una escena de la primera temporada de "Sueños de Libertad".
Alain Hernández, en una escena de la primera temporada de “Sueños de Libertad”.

/ Jose Alberto Puertas

-Después de la muerte de Jesús y la transformación de don Pedro en el nuevo gran antagonista, ¿cómo han ido midiendo día a día la reacción del público ante estos cambios y cómo se planteó la llegada de Gabriel para ocupar, de algún modo, el espacio que quedaba libre en el triángulo protagonista?

Don Pedro era bueno… pero ha tenido dos golpes muy fuertes, siente culpa por la muerte de su mujer, pierde a su hijo y culpa a alguien de la colonia por lo ocurrido. A partir de ahí busca venganza, sobre todo contra Andrés. También está locamente enamorado de Digna y la pierde cuando ella se entera de lo que pasó con Jesús. Todo eso lo lleva al lado oscuro. ¿Se convierte en malo? Sí, pero más que un giro caprichoso es la consecuencia de sus circunstancias personales, muy bien trabajadas desde guion.

En cuanto a Gabriel, cuando supimos que Jesús se iba, había que rehacer muchas cosas, así que pensamos: “Tenemos que ver si entra un malo nuevo o cómo lo gestionamos”. Al final decidimos que viniera Gabriel, el sobrino de Damián, y construir desde ahí todo lo que vendría.

Natalia Sánchez y Oriol Tarrasón en una escena de la tercera temporada de "Sueños de Libertad".
Natalia Sánchez y Oriol Tarrasón en una escena de la tercera temporada de “Sueños de Libertad”.

/ Manuel Fiestas Moreno

-Gabriel cae bastante mal entre los espectadores, y eso habla muy bien del trabajo de Oriol Tarrasón, ¿no?

Sí, porque fíjate que cuando le hablaron a Oriol de Gabriel él dijo: “Yo, encantado; nunca he hecho de malo. ¿Y qué tiene de bueno este personaje? Gabriel sí que es malo, como otros, pero siempre tiene que haber una motivación que te lleva a serlo. Jesús estaba enfermo de amor y murió; a don Pedro se le murió el hijo. ¿Por qué Gabriel es malo? Porque su padre le contó lo que le contó y él cree que tiene que vengarse. Entonces es malo por venganza y, a partir de ahí, lo vamos desarrollando como alguien que pone zancadillas, que perturba la vida familiar de los De la Reina, que nos permite jugar con diferentes sentimientos y diferentes personajes. Si Sueños de libertad durara diez años, tendríamos que ir evolucionando las tramas para que no se repitan y seguir enganchando al espectador con historias lo suficientemente potentes como para que sientan la necesidad de acompañarnos cada día.

-Tú has dicho que Sueños de libertad no es una de esas series diarias en las que puedes perderte una semana y no pasa nada: aquí, si te saltas tres capítulos, ya te pierdes cosas importantes. ¿Cómo se diseña desde dirección y guion ese ritmo tan alto sin perder coherencia y sin cansar al espectador?

Intentamos que sea una ficción ágil, cómoda de ver y visualmente atractiva; que tenga mucho color y mucha luz, incluso siendo una historia de época. Y, como te comentaba antes, por encima de todo está la historia. En cualquier proyecto de ficción, lo más importante es la historia; luego ya se verá qué funciona y qué no, a quién se quiere y a quién no se quiere, qué pactos hay, el drama, los personajes… y poco a poco se va abriendo el abanico, pero la base es siempre la historia. En Sueños de libertad hemos dado ese salto cualitativo: antes, en muchas series diarias, si te perdías un capítulo no pasaba nada; ahora no es así. A veces nosotros mismos pensamos: “Joder, vamos demasiado rápido”, pero ha funcionado: el público se ha acostumbrado a ese ritmo y lo que hace es estar siempre preparado y enganchado para ver qué va a suceder.

-Ahora que Sueños de libertad ha consolidado este ritmo tan intenso y un universo de personajes muy querido por el público, ¿cómo se están planteando las próximas temporadas? ¿Tienen claro hasta dónde quieren llegar con la historia de Begoña, Andrés y Damián, o prefieren ir ajustando en función de cómo responda la audiencia?

En las series diarias normalmente se trabaja de año en año. Antes de empezar ya sabes que tendrás, como mínimo, una temporada y escribes una biblia, un gran argumento de lo que será ese primer año de serie; si se hace otra temporada, antes de que acabe la anterior ya estás preparando la siguiente biblia y cada año vas pensando qué hacer con los personajes. Uno de los secretos de Sueños de libertad es que es una serie muy cerrada: en Amar es para siempre se cambiaba casi todo el reparto y aquí, en cambio, los actores van entrando y saliendo sin sustituirlos a todos de golpe. Eso ayuda a que el público sea más fiel a nuestros personajes (Begoña, Andrés, Damián y compañía), pero también hace cada vez más difícil escribir nuevas historias para ellos.

Afiche de la tercera temporada de "Sueños de Libertad".
Afiche de la tercera temporada de “Sueños de Libertad”.

/ Atresmedia

-En ese sentido, en el caso de la salida de los Merino, da la sensación de que fue un adiós muy cuidado y pensado para que llegara de a pocos. ¿Entiendo que esa despedida gradual del clan ya la tenían planificada y también se fue construyendo poco a poco.

En el caso de los Merino, se dio por diferentes motivos y por distintas circunstancias, y sobre todo porque la serie tiene que evolucionar. Al final llegamos a la conclusión de que teníamos que dar este paso para que la serie se mantuviera viva. Y esto se refleja tanto en los guiones como en el día a día del trabajo: ha habido actrices que han tenido que irse por algún motivo y, aunque no lo teníamos previsto, hacemos que el espectador no note que alguien ha salido por la razón que sea, sino que todo quede tramado dentro de la ficción.

-Remontándome a aquella charla con los actores, recuerdo hablar con Marta Belmonte sobre esta evasión del cliché en la historia. A mí me pasaba, sobre todo en la primera temporada, que me imaginaba que iban por un lado y resulta que iban por otro: resolvían rápidamente una trama, no le daban mil vueltas y eso me gustaba. En la segunda noté más repetición, sobre todo con Andrés, Begoña y María, aunque siempre sacaban algo nuevo del sombrero.

Yo esto dije que nunca lo diría en una entrevista, pero al final, ¿quién es la verdadera víctima en ‘Sueños de libertad’? María. El espectador tenía una necesidad imperativa de ver la evolución de estos tres personajes y fuimos jugando con ellos, de uno a otro. Yo no lo veo como repetición, sino como ir forzando más y más la situación hasta llegar al final: cuando María dice que está embarazada, por ejemplo, es un golpe muy potente. Yo creo que funcionó muy bien.

Roser Tapias, en una escena de "Sueños de Libertad".
Roser Tapias, en una escena de “Sueños de Libertad”.

/ Manuel Fiestas Moreno

-Vayamos a un tema que no puedo evitar preguntarte: el fenómeno Mafin. Hay una gran expectativa por el regreso de Alba Brunet, que se confirmó hace unas semanas. Me gustaría que me cuentes un poco el detrás de escena de ese anuncio: ¿por qué optaron por comunicarlo tan pronto y no guardarlo como una sorpresa que confirmara la expectativa o el deseo por el regreso de la actriz?

Yo no sé si volverá Fina todavía, porque con la información que tengo ahora mismo no tengo su regreso confirmado. Nosotros la hemos puesto en la cabecera porque creemos que es el gran amor que sale a la derecha de Marta. Ahora tenemos a Chloé Dubois (Antea Rodríguez) y estamos a tope con ella. ¿Que Fina podría volver? No lo tengo asegurado al cien por cien.

-Entonces, ¿hay una pequeña trampa, dirías, en este “regreso”?

Si supiera que viene Fina al 100%, lo hubiéramos puesto de inicio. Lo que pasa es que con las Mafin hay mucha red y mucha Insta, etc, y hay mucho fake. Entonces, que nosotros queremos que vuelva, claro, porque están las Mafin dentro de la trama, sí, pero ahora tenemos a Chloé, tenemos a Marta y, en el futuro, Dios dirá, ya veremos qué pasa.

-¿Y qué significa para ti, por ejemplo, el anuncio de Alba que dice que está de regreso y sabemos que está grabando?

¿Está grabando? Pues no sé. (Risas)

-No se sabe entonces. (Risas)

-Tú tienes una larga experiencia con ficciones diarias, pero aquí (Latinoamérica) también se ven muchas diarias mexicanas, argentinas, brasileñas y, desde hace unos años, las turcas. Si pensamos en el melodrama más clásico de los mexicanos, el costumbrismo con humor de los argentinos, el tono pasional y muy visual de los brasileños y la narración más lenta de los turcos, ¿dónde dirías que se sitúa ‘Sueños de libertad’ frente a esos modelos?

Honestamente, yo no me encasillo en ninguna. No se trata de encasillarse, sino de que cada proyecto sea diferente, de meter siempre un granito de arena nuevo y de que cada historia que cuentes sea distinta. Yo creo que nosotros, y es mi opinión, no nos vamos nunca al esperpento ni somos todo amor, no estamos siempre en la repetición ni somos súper novedosos: intentamos encontrar un punto medio y, para mí, así tiene que ser la ficción, que todo lo que les pasa a tus personajes puedas defenderlo desde la dirección.

El drama habla de los sentimientos, de las necesidades y del amor de los personajes, y eso tiene que ser real. Si te sales de esa línea y entras en lo irreal, el espectador deja de creérselo. Yo empatizo contigo en tanto veo en ti cosas mías, cosas del ser humano. No vale que el protagonista sea “malo” porque sí: nadie es malo porque es malo, está enfermo; igual que nadie se enamora porque sí. Por eso no me gusta encasillarme en un único modelo: para mí el formato es siempre buscar la realidad de las situaciones en el drama. Cuanto más aprendes el drama, mejor funcionará, pero siempre desde la realidad.